Mal de muchos....
Usualmente suelo ser el destinatario de las quejas y reclamos contra la vida, colaboradores, familiares, y un laaargo etcétera de mis amigas y uno que otro amigo.
Con esto no quiero decir que se quejen de mi persona sino que vienen a quejarse conmigo, esa actividad de procesamiento de desechos tóxicos, cómo lo llama una amiga, viene a ser algo recurrente.
En algún momento me pregunté porqué entre tantas personas en el mundo era yo el indicado para discutir respecto a asuntos que iban de lo más absurdo a lo increiblemente deprimente. Puesto que si bien amigas entrañables después de varios años de conocerlas me soltaron el paquete de penas, hubo quienes en cuestión de días lo hicieron.
Ser un buen receptor de desechos tóxicos requiere salir del monologo con testigos al que la mayoría de las conversaciones se han convertido y ser un escucha activo, esto es preguntar por detalles cuando haga falta, sugerir rumbos de acción, pero sobretodo hacerle ver a la persona cuando nos parece que su visión/acción es incorrecta o erronea.
Una gran persona y el último gran maestro que tuve, un día me dijo: No se puede ir por el mundo diciendole a la gente que están estúpidas, basta con darle los elementos para que ellos puedan darse cuenta por si mismos. Después comprendí que el trasfondo de dicha enseñanza era que la gente está dispuesta a recibir críticas y correcciones siempre y cuando la fuente de la crítica sea ella misma.
Cuando uno logra darse cuenta de un error propio, entonces se vive una epifanía, las cosas se vuelven claras y nos sentimos alegres por haber caido en cuenta de nuestro error y procedemos a solucionarlo, por el contrario cuando un tercero nos muestra nuestras equivocaciones se requiere un alto nivel de madurez y autocrítica para poder aceptarlo, caso contrario actuamos a la defensiva y tratamos de justificarnos, lo que impedirá más adelante que nosotros aceptemos nuestro error, ya que las justificaciones (racionales o no) ya forman parte de nuestro repertorio.
Durante las exposiciones de los problemas la primer reacción es: Vamos si no está tan complicado, pero el que no parezca complicado para nada significa que no lo sea, o que no lo sea para la persona que lo está sufriendo y esto ocurre en todos los ambitos. A estas alturas estoy cansado de oir como todos los que se refieren a los seguidores de AMLO cierran sus intervenciones con un huevones, que se pongan a trabajar!!!, y si bien coincido que es más fácil salir de la pobreza mediante el trabajo, tampoco puedo dejar de ver que hay una gran injusticia social y que el salario mínimo es un absurdo que no permite mantener dignamente a una familia, de hecho parece inverosímil que baste para que una sola persona viva dignamente con el.
La mejor manera de comprender el problema de un tercero es ponerse en su lugar, visualizarse dentro del problema y entorno, y luego preguntarse por qué uno actuaría diferente a la otra persona, o la razón verdadera a porqué actuan como actuan a pesar de que ellos den un motivo diferente.
Lidiar con los problemas ajenos es virtualmente muy sencillo, puesto que no son nuestro problema y entonces lo vemos desde un punto imparcial, o parcializado a la sencillez de nuestro interlocutor. Cuando un alumno dice es que el maestro ya me agarró idea o la joven dice es que mi novio ya no me quiere, probablemente sea cierto pero la información que se nos de será tan solo la mitad de la realidad, recortada y censurada por el quejoso, la labor del procesador de desechos será analizar el problema buscando encontrar esas partes faltantes, conjeturando lo que no se ha dicho y reconstruyendo el escenario.
Increiblemente para que alguien se abra sólo se requiere que el quejoso sienta la confianza que será escuchado, y que de alguna manera a uno le interesa la situación. Cumplidos esos requisitos
Con esto no quiero decir que se quejen de mi persona sino que vienen a quejarse conmigo, esa actividad de procesamiento de desechos tóxicos, cómo lo llama una amiga, viene a ser algo recurrente.
En algún momento me pregunté porqué entre tantas personas en el mundo era yo el indicado para discutir respecto a asuntos que iban de lo más absurdo a lo increiblemente deprimente. Puesto que si bien amigas entrañables después de varios años de conocerlas me soltaron el paquete de penas, hubo quienes en cuestión de días lo hicieron.
Ser un buen receptor de desechos tóxicos requiere salir del monologo con testigos al que la mayoría de las conversaciones se han convertido y ser un escucha activo, esto es preguntar por detalles cuando haga falta, sugerir rumbos de acción, pero sobretodo hacerle ver a la persona cuando nos parece que su visión/acción es incorrecta o erronea.
Una gran persona y el último gran maestro que tuve, un día me dijo: No se puede ir por el mundo diciendole a la gente que están estúpidas, basta con darle los elementos para que ellos puedan darse cuenta por si mismos. Después comprendí que el trasfondo de dicha enseñanza era que la gente está dispuesta a recibir críticas y correcciones siempre y cuando la fuente de la crítica sea ella misma.
Cuando uno logra darse cuenta de un error propio, entonces se vive una epifanía, las cosas se vuelven claras y nos sentimos alegres por haber caido en cuenta de nuestro error y procedemos a solucionarlo, por el contrario cuando un tercero nos muestra nuestras equivocaciones se requiere un alto nivel de madurez y autocrítica para poder aceptarlo, caso contrario actuamos a la defensiva y tratamos de justificarnos, lo que impedirá más adelante que nosotros aceptemos nuestro error, ya que las justificaciones (racionales o no) ya forman parte de nuestro repertorio.
Durante las exposiciones de los problemas la primer reacción es: Vamos si no está tan complicado, pero el que no parezca complicado para nada significa que no lo sea, o que no lo sea para la persona que lo está sufriendo y esto ocurre en todos los ambitos. A estas alturas estoy cansado de oir como todos los que se refieren a los seguidores de AMLO cierran sus intervenciones con un huevones, que se pongan a trabajar!!!, y si bien coincido que es más fácil salir de la pobreza mediante el trabajo, tampoco puedo dejar de ver que hay una gran injusticia social y que el salario mínimo es un absurdo que no permite mantener dignamente a una familia, de hecho parece inverosímil que baste para que una sola persona viva dignamente con el.
La mejor manera de comprender el problema de un tercero es ponerse en su lugar, visualizarse dentro del problema y entorno, y luego preguntarse por qué uno actuaría diferente a la otra persona, o la razón verdadera a porqué actuan como actuan a pesar de que ellos den un motivo diferente.
Lidiar con los problemas ajenos es virtualmente muy sencillo, puesto que no son nuestro problema y entonces lo vemos desde un punto imparcial, o parcializado a la sencillez de nuestro interlocutor. Cuando un alumno dice es que el maestro ya me agarró idea o la joven dice es que mi novio ya no me quiere, probablemente sea cierto pero la información que se nos de será tan solo la mitad de la realidad, recortada y censurada por el quejoso, la labor del procesador de desechos será analizar el problema buscando encontrar esas partes faltantes, conjeturando lo que no se ha dicho y reconstruyendo el escenario.
Increiblemente para que alguien se abra sólo se requiere que el quejoso sienta la confianza que será escuchado, y que de alguna manera a uno le interesa la situación. Cumplidos esos requisitos
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